Villaseca Bajera

Despoblado de Villar del Río.

Testero absidial de la iglesia, en 2021. Foto Alberto Arribas
Testero absidial de la iglesia, en 2021. Foto Alberto Arribas

Fecha de despoblación: Desconocida

Localidad: Villar del Rio

Estado actual: Despoblado

Término municipal: Villar del Río

Descripción

Despoblado de Villar del Río.

Villaseca Bajera se localiza en un llano de la margen izquierda de la carretera SO 615 que va de Garray a Yanguas, a unos 250 metros del cruce que hay a la altura del pk 32,400, donde se inicia la carretera SO-P-1131 que divide al despoblado en dos y lleva hasta Valduérteles. Desde Soria hasta Yanguas, el perfil de su iglesia es perfectamente identificable desde la carretera.

DATUM

  LATITUD                    LONGITUD

ETRS89

42,049031                  – 2,345040

ETRS89

42º 02´ 42´´ N               2º 20´ 42´´ W

UTM 30

   Coord. X                  Coord. Y

– 261.048,66                 5.168.326,81

Altitud

  1.219, m.

Eleuterio Carracedo (1) analiza en su trabajo el topónimo referido a otros poblados y despoblados de la Tierra de Soria que comparten el mismo nombre y características orográficas, y se inclina a derivarlo del sustantivo latino “villa” al que le unió el adjetivo “sicca”, aludiendo a la característica principal del terreno en el que se asienta una población, que resulta seco, árido o baldío, una condición que en este caso cabría relacionar con la escasez de agua, que se encuentra alejada del caserío.

La referencia geográfica “bajera” (de abajo, de yuso), en oposición a “somera” (de arriba, de suso) y empleada para referirse a dos poblaciones cercanas, puede indicar un origen o fundación común, o bien la segregación posterior de parte de una población establecida en un punto cercano pero independiente, lo que pudo acontecer en este caso con la localidad vecina, Villaseca Somera, que se encuentra al sur a escasos 1500 metros, con quien pudo guardar alguna relación estrecha pero que en la actualidad pertenecen a términos municipales distintos.

Los yacimientos arqueológicos más antiguos que hay en las inmediaciones son los de icnitas que hay junto al arroyo Fuentesalvo y al Balcón de Pilatos.

La presencia humana en la comarca queda demostrada desde muy antiguo como prueban los yacimientos arqueológicos cercanos fechados en el Calcolítico, Edad del Bronce y Edad del Hierro. De este periodo histórico y extendido en el periodo celtibérico y parcialmente en el periodo romano altoimperial, Eduardo Alfaro Peña (2) ha localizado tres castros en las inmediaciones.

En toda esta comarca y con excepciones puntuales, se conocen algunos hallazgos que sugieren una escasa presencia visigoda y una poco destacable, pero probada, presencia musulmana en la comarca (3) que habría que relacionar con la relativa cercanía a importantes poblaciones islámicas navarras del valle del Cidacos, si bien la escasez de restos arqueológicos, fuentes documentales y toponímicas, nos llevan a suponer que como buena parte de la actual provincia de Soria, durante mucho tiempo este territorio sería tierra de nadie perdida y recuperada por musulmanes y cristianos sucesivamente, lo que acontecería hasta la definitiva reconquista cristiana de la región de la que no tenemos una fecha concreta.

Sabemos de algunos intentos y conquistas, como los que informa Gonzalo Martínez Díez (4) que recoge una temprana ocupación, el 15 de abril de 958, de la villa riojana de Arnedo de la que dice que fue conquistada a los musulmanes, lo que cree favorecería una supuesta repoblación de la comarca de Yanguas.

Esa repoblación se realizaría bajo control de la corona navarra, pero serían una maniobra temporal pues constan otras nuevas conquistas por parte de los reyes de Navarra en el siglo XI, y por el reino de Castilla y León después. Esta última se continuó con una repoblación dispuesta por el rey de Alfonso VII de Castilla y León en la primera mitad del siglo XII, quien otorgó fuero a la villa de Yanguas en 1145, favoreciendo su repoblación mediante ventajas fiscales que, con otras medidas similares adoptadas después, se extendieron durante siglos para favorecer a sus habitantes.

Desconocemos en esos momentos el devenir histórico de la Tierra de Yanguas a la que pertenecía Villaseca Bajera, pero Máximo Diago Hernando (5) apuntó que el estudio de una escasa documentación a la que tuvo acceso, le sugirió la posibilidad de que en estos tiempos Yanguas fuese una behetría, una organización civil y administrativa parecida a la del señorío pero en la que el cargo de señor era nombrado por los vasallos. No podemos saber si el malogrado investigador pudo profundizar en ese estudio, pero tras la concesión de ese fuero de 1145, Yanguas y sus aldeas acabaron conformando una Comunidad de Villa y Tierra de la que Villaseca Bajera quedó integrada en la división administrativa del Sexmo de Villar del Río.

Desde entonces y a lo largo de muchos años, la historia y los acontecimientos ocurridos en la Tierra de Yanguas nos hacen pensar que aquel fue un espacio conflictivo, según describen en sus trabajos Luis Camporredondo (6), Consuelo Delgado Martínez (7) o Manuel Toledo (8), entre otros, y pasó a ser convertido en un señorío que usualmente estuvo sometido a la administración de despóticos señores que exprimían a sus súbditos y se enfrentaban a su rey mientras pretendían apoderarse a la fuerza de señoríos vecinos del reino de Navarra, convirtiendo sus tierras en casi un continuo escenario de batallas.

La situación comenzó a ser más favorable gracias a las medidas establecidas por el rey Alfonso XI de Castilla, quien en 1347 y como reconocimiento y compensación a los sufrimientos pasados por esos abusivos señores, concedió derechos y privilegios que luego confirmaron su hijo Pedro y sucesores, permitiendo un gran desarrollo económico de la comarca y de sus vecinos, a lo que contribuyó la excelente calidad de los pastos de la zona norte de la actual provincia, lo que favoreció un gran crecimiento de la cabaña ganada ovina

El catastro de la Ensenada (1752) describe Villaseca como una aldea de la jurisdicción de la villa de Yanguas y pertenencia al conde de Aguilar y señor de los Cameros. Sus escasos vecinos disponían para su sustento de tierras dedicadas a pastos y hierba de siega, algunas fincas de regadío donde sembraban berzas, además de siembras de trigo, cebada, avena y en algunas ocasiones yeros. No disponían de frutales, apenas algunos árboles silvestres que no daban fruto y unos pocos sauces plantados junto a los arroyos. Criaban ganado ovino de raza churra para carne y lana, algunos cerdos y gallinas, además de animales para las faenas del campo.

El lugar estaba entonces habitado por trece vecinos, sin dejar claro si incluye al cura y a unas viudas que parece citar para luego decir que no hay. Habitaban en quince viviendas, y de la profesión de sus habitantes recoge que once eran labradores, nueve pastores temporeros en las carnicerías de Madrid, de los que uno es arriero. Disponían de taberna pero no de hospital u otras dependencias para el auxilio.

No varió mucho su situación en un siglo pues en 1850 Pascual Madoz (9) refiere la existencia de 14 casas y 11 vecinos que suponían 46 almas. Cuarenta años después Manuel Blasco (10) reporta un importante aumento poblacional que llegaba hasta los 70 habitantes y que supuso su apogeo demográfico, pues como nota más destacada de la revisión de su trabajo por el mismo Blasco en 1909 (11), recogía una importante merma, llegando entonces a los 59.

El censo a 31 de diciembre de 1930 refleja le existencia de 27 habitantes, que disminuyó dramáticamente hasta los 12 que constan en el de 1940.

Hasta 1956 Villaseca Bajera, como buena parte de sector nororiental de la provincia de Soria, perteneció a la diócesis de Calahorra, pasando en ese año a la de Osma-Soria, al menos de forma oficial pues en esos momentos ya sería un poblado con una exigua población a punto de desaparecer.

Esteban Valtueña Jiménez (12) ofrece como último censo con habitantes el de 1960 con 7 personas censadas, pero algunas noticias de prensa (13) de septiembre de 1961 indican que pocos días antes se habían marchado de Villaseca Bajera sus últimos habitantes, «una viuda y dos sobrinos» habían sido los últimos habitantes que lo habían abandonado. Sigue diciendo que el pueblo se encontraba en buen estado, pero achacaba su abandono a «la crudeza de su clima y tanta inhospitalidad de las tierras que lo rodean, que sus vecinos han decidido, después de pensarlo mucho, abandonar el pueblo en que nacieron«.

Faustino Calderón (14) identifica a esta última vecina y nosotros hemos documentado que marchó a Soria como algunos vecinos, pero otros emigraron a Madrid o el País Vasco.

A diferencia de otros despoblados de la comarca de Tierras Altas, en este caso la culpa no la podemos achacar a las malas comunicaciones pues cuesta entender el abandono de un pueblo localizado junto a una carretera autonómica muy transitada que permite un acceso rápido a poblaciones importantes.

Su despoblación más bien debería analizarse como un fenómeno multicausal en el que predominan las duras condiciones de la vida en esos años, sin agua cerca, sin electricidad, con unos medios productivos cada vez más mecanizados que exigían menos mano de obra… En definitiva, las mismas causas que tantas veces hemos visto a lo ancho y largo de la provincia en la segunda mitad del siglo XX.

En este caso, más que ser un beneficio, parece que las buenas comunicaciones consiguieron que sus vecinos se marcharan más rápido, y otra lacra, el saqueo, contribuyó a que no regresaran. Aún hoy en los pueblos de alrededor se recuerda que en muy poco tiempo las casas de Villaseca Bajera fueron arrasadas y despojadas de lo poco que hubiese de valor. A esta destrucción podría añadirse un rumor que asegura que hacia 1980, sus edificios fueron empleados como escenario para la práctica urbana de ejercicios policiales o militares que deterioraron aún más el conjunto, una posibilidad no probada pero que justificaría la enorme destrucción del pueblo que visitamos por primera vez en 1987. Pero nos parece más factible otra hipótesis que hemos escuchado, la de que la destrucción de las viviendas fue llevada a cabo por sus propietarios que ante la rabia e indignación que les supuso su saqueo, prefirieron derribarlas antes de permitir que alguien las aprovechara ilegítimamente.

Urbanísticamente el despoblado se articula a ambos lados, noreste y sudoeste, de lo que fue una calle principal y hoy constituye la carretera SO-P-1131 que va de la SO-615 (Garray-Yanguas) hasta Valduérteles, en un pequeño casco urbano formado por los restos de unas quince construcciones arruinadas, agrupadas en seis manzanas y que ocupan un espacio urbanizado de alrededor de una hectárea, en medio de grandes extensiones de campos de cereal.

IGLESIA

Al sur del pueblo, a unos cincuenta metros de distancia y totalmente aislada del resto de edificios, se encuentra el que puede ser el edificio mejor conservado del pueblo, la iglesia, que pese a ser accesible y de interés arquitectónico se encuentra en un estado pésimo y entraña un grave peligro por su riesgo de derrumbe, por lo que aconsejamos evitar su visita interior ya que su colapso parece inminente.

Las ruinas de la iglesia parroquial están bajo la advocación de santa Isabel, no de santa Elena como argumentó en su día Juan Luis de Sorondo (15), que la equivocaría con la parroquial de la otra Villaseca vecina. En cualquier caso, se trata de una advocación poco habitual que apenas cuenta con templos dedicados en la provincia (16) y aunque algunas informaciones nos lo han sugerido, parece que la onomástica de la titular del templo no correspondía al patronazgo de las fiestas principales.

Se trata de un sencillo templo construido en piedra de mampostería y sillar en estilo arquitectónico gótico, pero con un esquema tan clásico, sencillo y rural que salvo por algunos elementos característicos, podría pasar por un edificio románico, lo que quizá pudo ser originalmente.

Portada expoliada de la iglesia, en 2021. Foto Alberto Arribas
Portada expoliada de la iglesia, en 2021. Foto Alberto Arribas

La iglesia se encuentra totalmente separada del caserío en medio de una finca de cultivo, y desarrolla una orientación canónica con los pies ligeramente orientados al noroeste y la cabecera al sudeste. Está construida en piedra de mampostería con sillería en esquinas, vanos, arcos, nervios, contrafuertes y espadaña, y también la tendría en otros elementos, como la portada, que han sido arrancados.

Desarrolla una planta rectangular con nave cubierta de madera a dos aguas derrumbada, que desemboca en un sencillo arco apuntado que se abre a la capilla mayor de planta cuadrada y testero plano entre contrafuertes esquinados, cubierta con una sencilla bóveda de crucería de toscos nervios que apoyan en ménsulas y se unen en una clave, muy simple y lisa, que ha perdido el lucido de sus plementerías, mostrando la piedra con la que está levantada, pero que hasta hace unos años conservó un lucido de mortero blanco en el que se pintaron unas llamas o rayos solares que salían del disco central que era la clave lisa. La capilla carece ya de cualquier elemento sacro pero conserva parcialmente el ara de piedra bajo la impronta del retablo, y restos del lucido de sus paredes donde quedan fragmentos de toscas pinturas murales que imitaban aparejo de sillería o ladrillo dispuestos a matajunta. Dos dovelas del arco formero meridional de esta bóveda se encuentran en una situación de equilibrio precario y amenazan con desprenderse, lo que previsiblemente provocará un colapso parcial de la cubierta de la capilla. En el muro del lado de la epístola, y por una puerta ya expoliada, se accedía a la sacristía adosada al lado sur del templo que a finales de la década de los años 1980 ya se encontraba hundida.

A cada lado de los muros de esta capilla mayor, se abre un arco de medio punto, que probablemente correspondan a arcosolios hoy vacíos.

Iglesia, capilla mayor y nave del lado de la Epístola, 2018. Foto Alberto Arribas
Iglesia, capilla mayor y nave del lado de la Epístola, 2018. Foto Alberto Arribas

Abiertas a la nave junto a la cabecera y a cada uno de sus lados, se abren dos capillas laterales que dan la falsa sensación de generar un crucero, y que también se cubren con sencilla bóveda de crucería. En la del lado del evangelio observamos una hornacina avenerada vacía sobre una inscripción ilegible. En esta capilla, dice Isabel Goig (17) «… se mandó enterrar Ana Morales, viuda de Francisco Malo, quien mandó fundar mayorazgo y vínculo con condición de que se conservase el apellido Morales. Tenía propiedades tanto en las dos Villasecas como en Muro (AHPSO. PN. 2772-4731)».

A los pies del templo estaría el coro, como algún indicio observado en 1987 parecía sugerir, un extremo no conservado pues el derrumbe del templo en esa parte es ya completo. Por encima y sobre el muro del hastial occidental aparece una espadaña de dos vanos vacía.

El acceso al templo se realiza a través de la portada abierta a lo que sería el primer tramo de la nave por el lado sur, una portada expoliada hace mucho tiempo que pudo ser un arco de medio punto como lo es el cercano de la de Villar del Río.

Adosados al lado sur de la iglesia se conservan dos muros de mampostería que, como en otras localidades, podrían corresponder al antiguo camposanto. No obstante, no es posible acceder a su interior, ya que se encuentra invadido por la vegetación.

Iglesia, clave de la bóveda. Foto Alberto Arribas
Iglesia, clave de la bóveda. Foto Alberto Arribas

OTRAS CONSTRUCCIONES

Del resto de Villaseca Bajera quedan restos de muchos edificios, todos arruinados y algunos casi desaparecidos, lo que nos lleva a pensar en que pudieron ser abandonados antes de la despoblación definitiva.

En todos los casos son edificaciones sencillas construidas en su mayor parte con los materiales autóctonos. Las construcciones más sencillas y en peor estado, probablemente corrales y pajares, se encuentran al sur del despoblado, y se levantaron en piedra seca, lo que ha contribuido a acelerar su ruina, se han perdido en su mayor parte  y ya apenas se reconocen más que por las líneas de cimentaciones.

Al otro lado estarían los edificios de uso residencial, viviendas de factura parecida pero con mejor ejecución en piedra de mampostería cogida con barro, que llevan sillarejos en esquineras y paredes bien aplomadas. Las fachadas, muchas en pie, y los restos de vigas indican que llevaban estructura de madera y desarrollaban planta baja, primera y probablemente cámara o somero. Se abrían con sencillas puertas y ventanas adinteladas con cargadero de madera, y estaban dotadas de otros elementos como aleros o balcones con rejerías de forja. En su interior quedan restos del lucido de yeso de las paredes interiores, y entre los escombros pueden verse restos de algunos muebles, puertas y ventanas, todo en carpinterías sencillas hechas por artesanos de la zona.

Se agrupaban en manzanas de dos o tres viviendas, parece que con la fachada orientada a mediodía y algunas estaban dotadas de un amplio patio sereno.

Ruinas de viviendas, en 2021. Foto Alberto Arribas
Ruinas de viviendas, en 2021. Foto Alberto Arribas

Los únicos datos que conocemos son las investigaciones llevadas a cabo por Faustino Calderón y recogidas en su blog, que ha documentado que celebraban fiestas patronales en honor al Santo Cristo los días los días 17 y 18 de septiembre, con actos religiosos habituales como misa y procesión, y otros profanos como la corrida del rosco y el baile a cargo de los gaiteros de Santa Cecilia.

Los jóvenes se desplazaban los domingos hasta Villar del Río, y como en toda la sierra, había costumbres de trasnochos o veladas en las que mientras las mujeres cosían a la luz de las velas o el carburo, los niños juagaban, los mayores echaban partidas de baraja y se contaban historias al amor de la lumbre.

Ya citamos unos párrafos más arriba los recursos económicos de los vecinos de Villaseca Bajera a mediados del siglo XVIII, que no serían muy distintos de los que explotaron siglos antes o después, pues las características orográficas y climáticas apenas permiten más medios que una economía basada en la agricultura de secano, alternada con el pastoreo de ganadería ovina, pues esas mismas características condicionarían la existencia de finos pastos que serían muy transitados, ya que muy cerca, entre Villaseca Bajera y Villaseca Somera, pasa la Cañada Real.

Faustino Calderón en su citado blog recuerda que sus vecinos no conocieron la electricidad ni el agua corriente y que para abastecerse o lavar la ropa, debían desplazarse hasta el barranco que pasaba por debajo del pueblo. Efectivamente, no hemos encontrado ninguna surgencia de agua y la única corriente de agua es un pequeño arroyo afluente del Cidacos y de nombre desconocido, que se sitúa a unos quinientos metros al sur del pueblo. En el pueblo tampoco hay indicios que confirmen la existencia de elementos eléctricos, y eso que hoy pasa por sus inmediaciones una línea de alta tensión que debe ser la misma que se tendió unos años después de la despoblación, en 1964, y que traía electricidad a la zona desde Enciso (18).

Sigue diciendo Calderón que tampoco tenían bosques, y que como combustible tenían que recurrir a las aliagas, una ausencia que puede comprobarse en las imágenes aéreas del Vuelo Americano 1945-46, un aspecto que algo ha mejorado pues en la actualidad el monte del sur de Villaseca está cubierto de vegetación.

No tenían cura con lo que el servicio religioso lo prestaba el párroco de Bretún, y el sanitario el médico de Villar del Río, aunque dice que en el pueblo vivía el practicante, mientras el cartero vivía en Villaseca Somera y repartía en las dos Villasecas. Tampoco tenían comercio, farmacia, estanco, fragua o carpintería, por lo que cuando tenían necesidad de algún producto o servicio del que carecían, se desplazaban hasta Villar, o al mercado semanal de los lunes en San Pedro Manrique, cabecera de comarca del que hoy, por carretera, dista casi catorce kilómetros y donde compraban y vendían sus productos.

Tuvo escuela pero desapareció total o parcialmente en algún momento hacia el primer cuarto del siglo XX. Lo sabemos por una petición realizada en 1928 por el alcalde de Las Aldehuelas -que en esos momentos y sin saber razón concreta se encargaba de la organización escolar y su mantenimiento, un aspecto un tanto sorprendente pues Villaseca Bajera pertenecía al Ayuntamiento de Villar del Río-, quien en ese año se dirigió a la Dirección General de Primera Enseñanza del Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes, solicitando la creación de una Escuela de asistencia mixta. La respuesta (19) de la Comisión permanente de esta Dirección General determino que como Villaseca Somera sólo tenía 51 habitantes y doce niños comprendidos en edad escolar, y que como sí existía una Escuela de temporada «que alterna entre Villaseca Somera y Villaseca Bajera«, no se accedió a su petición.

Alberto Arribas con la colaboración de Luis C. Pastor

(1) CARRACEDO ARROYO, Eleuterio (1996): Toponimia de la Tierra de Soria. Ediciones de la Excma. Diputación Provincial de Soria. Colección Temas sorianos nº 32. Imprenta Provincial de Soria, Soria

(2) ALFARO PEÑA, Eduardo (2006): Castillejos y Villares. Modelos de poblamiento antiguo en el interior del Sistema Ibérico. Soria Edita, páginas 151 y ss.

(3) Manuel Toledo en Historia de la Villa y Tierra de Yanguas (Ediciones de la Excma. Diputación Provincial de Soria, Colección temas sorianos nº 29, Soria 1995, página 24), afirma que entre el 714 y hasta principios del siglo XI las Tierras de Yanguas fueron propiedad de la familia Benicasi, descendientes del conde cristiano Casius que se convirtió al islam y apoyó su causa para mantener sus tierras y privilegios.

(4) MARTÍNEZ DÍEZ, Gonzalo (1983): Las Comunidades de Villa y Tierra de la Extremadura castellana (Editora Nacional, Madrid, pp. 51 y 52).

(5) DIAGO HERNANDO, Máximo (2004): Señores y vasallos en la Soria medieval. La expansión del régimen señorial. Conferencia impartida el 22/02/2004 organizada por la Asociación de Amigos del Museo Numantino.

(6) CAMPORREDONDO, Luis (1934): Miscelánea: Recuerdo de Yanguas. Logroño.

(7) DELGADO MARTÍNEZ, Consuelo (1981): Apuntes sobre la vida rural de la Villa y Tierra de Yanguas. Centro de Estudios Sorianos.

(8) TOLEDO TOLEDO, Manuel (1995): Historia de la Villa y Tierra de Yanguas. Ediciones de la Excma. Diputación Provincial de Soria. Colección temas sorianos nº 29. Soria.

(9) MADOZ, Pascual (1850): Diccionario geográfico-estadístico-histórico. Edición facsímil de los textos relativos a la provincia de Soria. Edita Ámbito ediciones SA y Diputación de Soria, Imprime Gráficas Ortega SA Valladolid., p. 277.

(10) BLASCO JIMÉNEZ, Manuel (1880): Nomenclátor histórico, geográfico, estadístico y descriptivo de la provincia de Soria, 1ª edición, Soria. Imprenta y Librería de la Infancia, página 711 y 712.

(11) BLASCO JIMÉNEZ, Manuel (1909): Nomenclátor histórico, geográfico, estadístico y descriptivo de la provincia de Soria. IIª edición, Soria. Ed. Tipografía de Pascual P. Rioja.

(12) VALTUEÑA JIMÉNEZ, Esteban (2011): “Nomenclátor de todas las entidades de población de la provincia de Soria. Censo de Población de los años 1880, 1920, 1940, 1960, 1966 y 2007”. Revista de Soria IIª época nº 62, página 56.

(13) El periódico segoviano El adelantado: Periódico de Intereses Morales y Materiales, Ciencias, Literatura y Artes, número 18621 – 25/09/1961, y también en Diario de Burgos nº 21649 -26/09/1961.

(14) CALDERÓN, Faustino (2015): Villaseca Bajera (Soria) https://www.lospueblosdeshabitados.net/search/label/Villaseca%20Bajera consultado en diciembre de 2020.

(15) SORONDO, José Luis (1997): Censo de ermitas de Soria. Ediciones de la Excma. Diputación Provincial de Soria. Colección Temas sorianos nº 35. Imp. Diputación Provincial de Soria.

(16) A esta santa se dedican las parroquias de Alconaba y Canos, fue la advocación antigua de la de Calatañazor, y según Manuel Blasco de la de Montenegro de Cameros. También da nombre al convento de clarisas de Medinaceli, y según algunas fuentes a una ermita en Osona, aunque en este último caso parece tratarse de un error repetido pero sin fundamento.

(17) https://www.soria-goig.org/Rutas/pag_0468.htm

(18) La declaración de utilidad pública de esta línea de alta tensión que iba desde Enciso hasta Villaseca  Bajera pasando por  Yanguas y Villar del Río, y daba servicio eléctrico a Lería, la Vega, Leira (SIC) y Yanguas, viene recogida en el BOP de Logroño nº 17, 08/02/1964.

(19) Boletín Oficial del Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes: Año XIX Número 50 – 1928 junio 22.